Buenas
tardes, y muchas gracias a todos por venir. Me gustaría dar las gracias a Chema y a
Yolanda por su bienvenida calurosa en esta Feria, y a todos los libreros que
han apoyado este evento.
La
curiosidad de este libro es que es el único que está escrito en inglés. Si no está escrito en castellano, es que me
falta un traductor; busco voluntario.
Que se presente al final de la presentación.
Si es
un libro único, pienso que es una historia universal. Es un guía – como dice aquí – del parking a
la cima de los altos Pirineos. Si el
libro acaba en el parking de Bujaruelo, esta historia empieza en una pradera a
lado de Broto.
Nada me
emociona tanto como la idea de salir a la montaña con una mochila bien
cargada. Mi primera memoria es de mis
tíos que se iban de excursión. Yo les
pedí que me llevasen con ellos, pero me dijeron que era demasiado pequeño. Era un gran desengaño. Solamente muchos años después, aprendí que
mis tíos se iban de luna de miel, y no querían llevarse con ellos un crio de
dos años.
En este
mundo, no hay sitio para pasajeros.
Todos tenemos que ser el conductor de nuestra propia vida. Esta es la diferencia entre un crio y un
adulto. Mi vida, que empezó para mí en
esa pradera de Broto ha sido una larga metamorfosis del uno al otro.
Si
hubiera ido de excursión con mis tíos, muchas cosas hubieron sido diferentes, y
yo no hubiera escrito este libro.
10
Manuels y un Manolete es una historia de la escalada de diez picos del Pirineode más de tres mil metros, y de uno más pequeño – el Manolete. Ya les explicaré el nombre, pero primero les
explicaré porque lo escribí.
Si me
siento Oscense, es verdad que mis padres nacieron en Catalunya y Escocia, mis
abuelos en Londres y Lourdes. Pero mis
bisabuelos nacieron en la montaña, uno en Escocia y uno en Aínsa en Casa
Buil. Mi abuela nació en Enate, y mi
madre se crío en Barbastro y Huesca. Yo
pasé aquí, en Huesca, en Enate y en Almudévar los mejores días de mi vida – las
vacaciones de verano.
Pero
soy vagabundo, y he pasado mucho tiempo en Inglaterra. Un día, un compañero inglés me preguntó: “¿ A
dónde hay que ir en el Pirineo ?” No
sabía lo que decir. Conocía los nombres
de los picos, como el Aneto, el Posets, el Perdido, y de los valles, como
Pineta, Ordesa, pero me daba miedo de dar consejos cuando yo no tenía una
experiencia personal. El problema que
tienen los ingleses, y los holandeses y alemanes también, es que no conocen los
Pirineos. No existe la literatura como
aquella de los Alpes, una cordillera que fue descubierta y descrita por
generaciones de ingleses. No tienen una
razón, una motivación, para subir este pico, ese otro.
En
cambio, hay más y más ingleses que veranean en el Pirineo, y hay muchos
jubilados que viven todo el año en el sur de Francia o el norte de España. Lo que les hace falta es un guía en inglés,
algo que les da la razón, la emoción, la motivación. Con que decidí, hace diez años, primero de
buscar esa experiencia personal que me faltaba, y segundo de contar la historia
en un libro.
Subir a
la montaña para mí es hacer un viaje de descubrimiento, de ver algo nuevo, de
aprender. En esa época de mi vida, era
formador, formando diez mil empleados en Europa. Enseñando, yo aprendí dos cosas muy
importantes: para aprender bien, hay que enseñar; y para aprender muy bien, hay
que escribir. Así es que empecé a
escribir libros.
Este
libro es el tercero. Pensé subir un pico
cada año durante diez años. Iba a
incluir mapas, rutas técnicas, fotos, pero a lo largo de esos diez años el
mundo cambió mucho. En España, no se
usan mucho los mapas, mucho menos la brújula, pero los ingleses sí los
usan. Pero hoy, cualquiera puede
encontrar en internet guías, mapas y fotos de todos los picos. Muchos escaladores tienen GPS con altímetro y
brújula incluida en el reloj, y a veces todo junto, internet, mapas, guías,
brújula en un teléfono móvil. Con que me
quedé con lo que pensaba era lo más importante, mis sentimientos y el deseo de
compartirlos.
La
verdad es, que si empecé este proyecto a los cuarenta años, trataba de subir
picos pirenaicos desde los dos años, y fallé durante cuarenta. Es una historia de fallo mucho más que de
éxito. Durante esos años, logré subir
los picos más altos de Inglaterra, de Gales, de Escocia, de Noruega. Subí picos en los Andes de Chile; en Brazil;
y en los Alpes de Francia y Italia. Todo
este tiempo trataba de subir a picos en el Pirineo, pero siempre fracasé,
siempre encontré una excusa para fallar.
Si era
demasiado joven, a los dos años, más tarde descubrí que la montaña era
demasiado peligrosa; que llovía; que había peligro de aludes; me faltaban
crampones, o botas o piolet. No tenía
tiempo, estaba cansado, tenía que trabajar o quedarme con mi familia. Mis compañeros también ayudaron a mis
fracasos: querían pararse para fumar; querían dormir; tenían vértigo; había
demasiado viento, demasiado calor, demasiado frío. Ya habían previsto algo, una boda or cambiar
el aceite en el coche.
Cuando
al final, después de cuarenta años, logré subir a un pico en el Pirineo, no
solamente sentí el placer del éxito del día, sino también el de enterrar ese
desengaño de crío. No era la conquista
de un pico sino la conquista de mi propia historia.
Era una
subida tan espiritual, hecho más mística por el calor, la falta de oxígeno, la
soledad, y la emoción, que al llegar a la cima no quería bajar. Hice todo possible para quedarme allí más
tiempo y retardecer el regreso al coche en el fondo del valle. Me impresionó tanto que me puse a escribir,
no un relato de la ruta, las cifras de altura, y distancia, sino un relato de
mis emociones.
Lo que
descubrí es que las montañas tienen cada uno un alma. Esto ya lo sabían los pre-históricos, que
daban nombre a ideas abstractas, como la victoria o la sabiduría. Hoy, esos nombres se han convertido, a través
de los dioses, en objetos físicos, las zapatillas Nike y la ciudad de
Atenas. Lo que muestra el poder de la
palabra.
También
daban nombres a los picos, y apodos, y sobrenombres. Y nombres a las cordilleras, come el
Pirineo. Cuanto a picos de una cierta
altura, hay grupos de picos de ocho mil metros, en España de tres mil metros, y
en Escocia de tres mil pies. Para los
ingleses, es muy difícil, porque no hay picos de tres mil pies, pero también
porque “three thousand” es difícil de pronunciar. Por eso, para los picos en Escocia inventaron
los Munro, los picos de más de tres mil pies.
Y a los picos de más de dos mil quinientos se llaman los Corbett. Ahora hay libros sobre los Munros, hay
competiciones para subirlos todos.
Para
los ingleses, para hacerlo más fácil de hablar de estos grandes picos oscenses,
y hay que acordarse que casi todos están
en Huesca, les he dado nombre de “Manuel”, y a los más pequeños, el diminutivo,
“Manolete”. Muchas gracias.