Hay una
crisis en España - pero no es una crisis
económica, es una crisis gastronómica.
Este viernes
no hay que hacer una huelga de trabajo, hay que hacer Huelga de Hambre !
Acabo
de hacer un viaje a través de la península, de Irún hasta Sevilla, pasando por Burgos
y Cáceres, y volviendo por Madrid, Bilbao y Pamplona. He perdido peso. He comido mal, y he bebido mal. En el país que nos ha dado la aceituna
rellena de anchoa, el jamón serrano y el vino tinto, hoy día ofrece poco más.
Empezamos
con el pan –¿ qué pasa con el pan en España ?
Ya no se puede comprar el pan de mi juventud – duro, salado, con el
aroma de levadura natural. Hasta hace
poco, yo visitaba un pequeño pueblo a 30 kilómetros de mi casa para comprar pan
– hecho en horno de leña. El año pasado descubrí
que ya no lo hacen de la misma manera, parece ser que lo hacen con leña porque
tiene el sabor y textura de cartón.
Ahora,
hasta las migas típicas extremeñas se hacen con pan Bimbo. El vino lo sirven en medio de su segunda fermentación
maloláctica, como un champan caliente, el jamón está cortado a máquina como
tronchas de plástico, las sopas y las albóndigas se hacen con restos que los
perros no comerían, y las ensaladas salen frías del frigorífico, aun en pleno
invierno. Los
bares ahora mostran dulces envueltos en plástico en vez de tapas.
¿ Que
podemos hacer ? Cuando nos sirvan algo hecho
en la papelera o la fabrica, rechazamos lo.
Hagamos la huelga de hambre antes que comerlo.
Bien se
vale que aún quedan algunas islas de bienestar.
En Burgos hay Pecaditos, en Pamplona
los bares de la Estafeta, en Zamudio (VI) Gaminiz,
el Hostal Gau Txori, subiendo a
Roncesvalles.
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